lunes, 7 de septiembre de 2015

Otro genio saladillense



No te pierdas la entrevista realizada en radio Vorterix a  Adolfo De Castro, un luthier muy especial que trabajó y trabaja con las mejores figuras del rock nacional.
Mirala aquí: http://vorterix.com/delicias-de-un-charlatan/2375/adolfo-de-castro-en-vorterix---nota-completa

jueves, 13 de agosto de 2015

Carlitos Bala cumple 90 años


   El actor y cómico argentino Carlos Balá cumple hoy 90 años.
   Decir Balá es decir niños. Durante años hizo ciclos exitosísimos en televisión y presentaciones en teatros de todo el país con programas y presentaciones dedicadas a los chicos.
   Pero no siempre fue así: en sus inicios realizaba monólogos y chistes a los pasajeros de la línea 39 de colectivos (transporte público de la Ciudad de Buenos Aires), que le permitió relacionarse con el público, venciendo su timidez y adquirir experiencia.


  En su juventud, fue ayudante en el negocio de su padre, y desde los 18 años se desempeñó como peón de imprenta, repartidor y administrador. En una fiesta conoció a Martha, quien es la mujer que lo acompaña hasta el día de hoy. Una noche salieron a cenar con uno de sus amigos, Isaías, que era el mejor amigo de Palito Ortega, junto con la pareja de este, Morenita Galé, una vedette de la época, y le propusieron a Balá en esa época un actor incipiente presentarlo a Délfor, líder del programa La Revista Dislocada. Carlitos no quiso saber nada. 
   Pero Morenita Galé, que conocía a Délfor, fue a verlo y le contó de las condiciones de Carlitos y le pidió que lo entrevistara. Así comenzó la carrera de Balá. Tras realizar la prueba en Radio Splendid frente a Délfor, lo integró en su equipo y lo reservó en 1955 para La revista dislocada, con Jorge Porcel y Mario Sapag, y luego realizó giras por el interior del país.
   Tras un desacuerdo con Délfor en 1958, integró un famoso trío cómico junto a Jorge Marchesini y Alberto Locati y protagonizaron Los tres..., por Radio El Mundo, con la locución del periodista Antonio Carrizo. Luego de su éxito, el trío adquirió una gran popularidad y participó en El show de Andy Russell. Luego protagonizaron ¡Qué plato!, y estuvieron juntos hasta 1960. 
    Después comenzó a participar en La Telekermese Musical en Canal 7, le ofrecieron ser Joe Bazooka y participó en El show de Antonio Prieto y en El show de Paulette Christian y con su personaje de Jacobo Gómez trabajó en Radio Splendid.
   En televisión participó en "Telecómicos", "Calle Corrientes" y "El show super 9", con Mirtha Legrand y Duilio Marzio, para luego sucederle una serie de programas exitosos como "Balamicina", "El soldado Balá" , "El flequillo de Balá", "El clan de Balá", "Balabasadas", "El circus show de Carlitos Balá", "El circo mágico de Carlitos Balá" y "El show de Carlitos Balá", que también llevó en vivo por distintas provincias.
   Por su parte, la carrera cinematográfica se inició con la serie de películas como "Canuto Cañete, conscripto del 7", "Canuto Cañete detective privado" y "Canuto Cañete y los 40 ladrones".
    Luego siguieron "¡Esto es alegría!", "Brigada en acción", "El tío Disparate", "¡Qué linda es mi familia!", entre otras y su último filme, "Tres alegres fugitivos" de Enrique Dawi.
   En 2009 la Legislatura porteña lo declaró Personalidad Destacada de la Cultura y en los últimos años realizó giras con su circo por las provincias argentinas.
   Acompañó al payaso Piñón Fijo distintos shows y en 2011 participó junto a la conductora infantil Laura Franco en el espectáculo "Panam y Circo" como invitado especial.
   En 2011 Carlitos Balá tuvo el merecido reconocimiento a su trayectoria en los Premios Martín Fierro.
   Sus ocurrencias perduran con el paso de las generaciones: "¿Qué gusto tiene la sal?, "ea ea ea pe pe", "y como el movimiento se demuestran andando pues, andemos", "sucundrule" y "un gestito de idea", entre muchas otras. 

domingo, 14 de junio de 2015

Falleció Sergio Renán




Sergio Renán había logrado esa hazaña que se les reserva a muy pocos elegidos: vivir muchas vidas en una sola y que todas esas vidas resultaran finalmente fieles a una única persona y reconocibles como parte de ella. Esas varias vidas se cerraron anteanoche, en el Sanatorio de los Arcos, cuando Renánmurió a los 82 años después de varias complicaciones de salud que lo acompañaron durante el último tiempo y que le impidieron incluso asistir, el mes pasado, al estreno de su puesta de L'elisir d'amore en el Teatro Colón.

Solía repetir una frase de su padre: "No alcanza con ser un gran hombre. Hace falta además que el mundo se entere". Muchos empezaron a enterarse de Renán a partir de principios de la década de 1960, cuando actúo en la película La cifra impar, de Manuel Antín. Una década después vendría La tregua y el brillo en el cine y la televisión [ver aparte]. Su última aparición pública había sido justamente en la presentación durante el Bafici de una versión restaurada de esa película Pero en realidad el origen de itinerario artístico había sido la música, y, en un círculo perfecto, también sería su final, con sus tareas como régisseur de las últimas décadas. A los trece años, ya tomaba clases de violín con Jacobo Ficher. Esa intimidad con la música -probablemente el arte que más amaba- fue lo que hizo posible su formidable tarea en la puesta en escena de la lírica.




La dimensión artística de Renán existe por sí misma, pero no se la puede comprender del todo si se la separa del hombre que era y de la época de Buenos Aires en la que se formó. Muy culto, con esa variedad de la cultura que no puede confundirse con la información, y a la vez, como se suele decir, con mucha "calle". Leía continuamente literatura, especialmente ensayo y ficción (prefería la lectura de libros a las de los diarios, que había abandonado hacía mucho), conocía como nadie el repertorio clásico, y, en el mismo registro, hablaba de Racing Club, su querida Academia, o de tango. Unía dos cosas que en cualquier otro habrían resultado inconciliables: la distancia que impondría la discreción, la reserva, y la mayor generosidad, el mayor cariño. Nada le gustaba más que reunirse con amigos -amigos que podían transitar por carriles distintos- y siempre se hacía tiempo para conversar. Era una especie de porteño que se extinguió con él.

SU OBRA MAYOR

Pero esta singularidad de su carácter no se limitaba al círculo estrecho de sus gustos y sus relaciones personales. Esas dos temporalidades que había en él -algo que venía de otra época y la preocupación por la más inmediata actualidad- tuvo un correlato en la que -al margen de películas, direcciones teatrales y puestas de ópera- fue posiblemente su obra mayor: la tarea al frente del Teatro Colón.

Aunque jamás fue peronista, en 1989 se le ofreció el cargo de director general y artístico del Colón. Esa gestión renovadora y audaz cambió no sólo la historia de la sala, sino, más en general, la vida cultural de la ciudad.

Aquí hay que mencionar, en primer lugar, la creación del Centro de Experimentación. El CETC fue antes que nada una idea, una gran idea que Renán tuvo hacia 1990, cuando le ofreció al compositor Gerardo Gandini que llevara al Colón las actividades y los conciertos dedicados a la música de vanguardia que solía presentar en el Instituto Goethe. Sin sala, el primer concierto, que incluyó Pierrot Lunaire, de Arnold Schönberg, se realizó en el Centro Cultural Recoleta. Luego vino el espacio, con Gandini como director, que es ahora un lugar imprescindible.

En esa época logró además que el Colón recuperara un lugar dominante en el mundo. Quería un Colón que jugara en las grandes ligas. Esto implicaba no sólo traer a las estrellas (y fueron muchas, de Leonnie Rysanek a Mstislav Rostropovich pasando por Karita Mattila); fue además una época pródiga en descubrimientos, entre los cuales el más espectacular fue el de la soprano Renée Fleming. Una baja de último momento obligó a Renán a buscar un remplazo para su puesta de Las bodas de Fígaro. Escuchó la voz de Fleming en una mala grabación en cassette y aun así eso le bastó para decirse por ella para el papel de la Condesa. Fue el nacimiento de una diva.

Renán pagó también deudas del teatro con el repertorio del siglo XX, como el estreno de la versión completa (con el tercer acto) de Lulu, de Alban Berg, con dirección de Stefan Lano. O, en un plano distinto, la creación del Abono Contemporáneo, el estreno (en un programa compartido) de Europera V de John Cage. O el encargo de La ciudad ausente, la obra maestra de Gandini con libreto de Ricardo Piglia que marcó para siempre la escritura para la escena en Argentina.

No había un solo de rasgo de populismo en ninguna de sus gestiones, tampoco en sus puestas. Esto resulta especialmente claro en los últimos trabajos que realizó para el Colón. Por ejemplo, en la comparación entre La flauta mágica de 2011 y La Cenerentola, de 2012. En la segunda dominaba un humor extremadamente sutil, pero a la vez muy terrenal, muy rossiniano. Acá hay un punto importante que revela la sensibilidad del artista: en la La flauta... había asimismo humor, pero de otro tipo. El humor mozartiano no se confunde del todo con el de Rossini. Renán dominaba esos matices, en la ópera, en el cine y en la vida, mejor que nadie.

En 1997, Renán quedó fulminado por un dolor punzante en el abdomen. Se despertó dos meses después, curado de una pancreatitis que suele ser letal. Quienes lo conocían, habían alimentado, por simple cariño, la ilusión un poco infantil de que era inmortal. Vinieron después las complicaciones de un cáncer en las cuerdas vocales que parecía curado y las dificultades para hablar. La dignidad y el ánimo con los que enfrentaba la enfermedad son un ejemplo no menor que su faena artística. Trabajó hasta el final, con el apoyo, de Adriana, su pareja, una mujer también excepcional. Llegó a dirigir, en mayo, el ensayo general de L'elisir d'amore y tenía ya proyectos en el Colón para 2016 y 2017. Fue una vida plural bien vivida.

Nadie que lo haya conocido podrá dejar de recordarlo, pero aun el recuerdo personal de quienes lo conocieron terminará borrándose: nada de eso afectara la permanencia de una figura y de un obra cuya condición irremplazable y crucial seguirá creciendo con los años.

domingo, 12 de abril de 2015

De interés legislativo

El Programa "Un Poco de Nostalgia" fue declarado de Interés legislativo por la Honorable Camara de diputados de la Provincia de Bs As.



martes, 27 de enero de 2015

Murió Joe Rígoli


Joe Rígoli murió a los 78 años tras estar en coma inducido por graves problemas de salud en la clínica EMHSA de Mar del Plata, según confirmó un allegado al actor.
Hace dos semanas, Lautaro Reyes, representante de artistas, dio a conocer el parte médico del actor que había sido internado. "Joe se encuentra bajo asistencia mecánica respiratoria por deterioro neurólogico, con causas a aclarar. Su pronóstico es reservado", decía el informe. El actor y humorista había ingresado en la clínica el pasado 8 con presión alta, hemorragia nasal y había perdido mucha sangre.
Rígoli vivió su época de gloria en los años 60 y 70 en el cine, el teatro de comedia y café concert. Había nacido en un conventillo y logró triunfar tanto en la Argentina como en España.
Sus inicios
Empezó su carrera a los 14 años como acomodador de sillas en un circo, pero rápidamente llamó la atención en el ambiente por su innegable sentido del humor. En 1961, debutó en cine en Asalto en la ciudad, de Carlos Cores y luego participó de una decena de films. Entre ellos se destacan Mi mujer no es mi señor y El novicio rebelde. En televisión, fue parte de conocidos ciclos como Viendo a Biondi con Pepe Biondi; La nena, donde interpretó a Coquito, La tuerca, con Nelly Láinez y Vicente Rubino, entre otros.
También tuvo una exitosa carrera en España, donde migró a principios de los 70 con la que era su mujer en ese entonces, Susana Mayo. Fue contratado por la televisión española donde inmortalizó a Felipito Takatún y su frase emblema "Yo sigo". Su vida estuvo dividida entre la península Ibérica y la Argentina.
En teatro, Rígoli dejó huellas. Obras como ¿Será trolo mi marido? con Adriana Brodsky y Susana Romero; Raíces gitanas y algo más y Más locas que una vaca fueron algunas de las que formó parte y en las que desplegó su humor.
Tuvo varias mujeres, su última fue Fátima con quien volvió a España y con quien se casó. Poco importó los 33 años de diferencia de edad que los separaban. Tuvo muchos problemas económicos en el país europeo y debió regresar a la Argentina. En el último tiempo, se instaló en Mar del Plata, en la casa de un amigo ya alejado de su esposa.
Su última aparición en televisión fue en Casados con hijos, con Guillermo Francella y Florencia Peña.